lunes, 7 de noviembre de 2016

Remanso

Remanso
Aquel día, acercó a la anciana junto a la ventana para que le diera el sol en el rostro, mientras ella hacia las demás tareas de la casa. Ya arreglada y desayunada podía estar sola, se entretenía mirando el mar, era una vista preciosa donde se veían a veces en la lejanía barcos. Lucía dejó caer un beso en la frente de Rosalía, era un milagro tener aquel trabajo y daba gracias a Dios cada día por ello, había ocurrido en unos años en su vida tantas cosas, que ahora compartir su vida junto a esta mujer, aunque con recuerdos deshilachados por su enfermedad era un remanso de paz, pero no todo era perfecto.
Cada día recordaba lo mal que lo habían pasado ella y su marido, hacía unos años eran felices, el era empleado de banca y ella administrativa en una constructora, se amaban y soñaban con un futuro feliz, pero en poco tiempo sus vidas se vinieron abajo como un castillo de naipes.
A Antonio le despidieron en el banco con lo de la crisis y no podían hacer frente a la hipoteca del piso y más tarde fue ella la que despidieron, le quitaron el piso y luego fue uno de los coches, se vieron durmiendo en el coche que les quedó y tuvieron que deshacerse de él porque no podían ni pagar la gasolina, iban de lugar en lugar buscando trabajo pero tan solo encontraban, unas horas de camarero en algún bar, y repartiendo algún pedido en alguna floristería, llegó un momento en que vivían con la mochila y una tienda de campaña.
Resistían juntos durmiendo en la playa, siempre en lugares de costa a los que estaban acostumbrados pues las noches eran más soportables con menos frío. Con trabajos esporádicos y sin derechos poco podían hacer, sino sobrevivir, así que un amigo le propuso a Antonio que se fuese a Suiza pues necesitaba a alguien preparado como él. Lucía le animó a que se fuese, ya encontraría ella algún trabajo, el se resistía a irse y dejarla sola, pero la situación era tan mísera que al final se separaron, prometiéndose el uno al otro que volverían a estar juntos de nuevo y que todo cambiaría.
A los pocos días de irse su marido, entró en la panadería a por un bollo para un bocadillo y la propietaria le habló de un posible trabajo, era para cuidar de una anciana, querían a alguien interna y la mujer se acordó de ella ya que había trabajado en el bar de al lado en algún momento y la conocía.
Le dio una dirección cercana y que le dijese que iba de su parte, Lucía iba llena de ilusión hacia la casa, y fue acertada la recomendación de la panadera pues le propuso el hijo de la anciana un mes de prueba para cuidar de su madre. Casi tuvo que aprender a vivir bajo un techo, a dormir en una cama, a tener una ducha cuando le apetecía, alimentos frescos, se sentía una reina, pero... el hijo de Rosalía era tan amable que empezó a resultar sospechoso, casado y según él desgraciado en su matrimonio, andaba buscando algo que ella no podía darle porque amaba a su marido, le estaba resultando difícil, ya eran tres meses resistiendo tanta "amabilidad''. No sabia que hacer irse ahora era complicado, volver a la calle, no le cuajaba el sueño.
La mañana había sido tranquila, oyó el timbre de la puerta y salió pensando en quién podría ser, se quedó aturdida: ¡Antonio, Dios mio! Se fundieron en un abrazo deseado  y cálido, los dos lloraban de alegría.
Lucia - musitó él - no nos separaremos más, tengo trabajo aquí, comenzamos de nuevo.
MarinaDuende 2015
2015

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